domingo, 21 de agosto de 2016

HOPE




Al igual que existe –dicen aquellos que lo vieron y no les dejaron entrar, por no ser su hora- un túnel en la frontera de la vida y la muerte, hay uno en la frontera del deseo y la realidad, en ese punto borroso justo donde se ubica la Esperanza. Y al igual que en la Cueva de los Verdes te hacen prometer que no contarás a nadie su secreto cuando sales, éste túnel tiene también el suyo: no puedo desvelar dónde está.

Lo encontré por casualidad, como pasan estas cosas. La diferencia con el túnel de la muerte, es que en este puedes entrar libremente y salir mejor de lo que has entrado. No porque te curen de nada, ni te obsequien con algo muy preciado, no. El túnel te regala esperanza; la posibilidad de que un deseo, un anhelo, una ilusión, un sueño, simplemente se materialice.

No en vano, emite un color verde que nadie sabe de dónde procede. Oí a una señora, muy excitada por las expectativas, decirle a otra que emanaba de las rocas, como un manantial. Las paredes sudan esperanza –pensé impresionada-.

Una vez me hube informado bien, parece que la cosa funciona por un sistema de intercambio. Las personas que entramos y paseamos por los escasos 20 metros de pasillo emanamos toda clase de emociones. Las negativas eclosionan las unas con las otras y explotan entre sí, desapareciendo al menos por un tiempo. Las positivas mutan en bienestar.

Entras en una especie de trance que te obliga involuntariamente a dar vueltas sobre ti misma admirando el resplandor casi celestial que viene de todas partes, verde, muy verde, sumergiéndote en un fulgor cálido y sereno. Casi como flotar.

La dosis de ese milagro verde que cada persona absorbe resulta ser proporcional a la lealtad y constancia con que uno persiga su sueño, su deseo.

Al salir del túnel los ojos brillan, renovados, ante la oportunidad que se despliega ante ti como una prometedora alfombra roja.

La fuerza de saber que puedes conseguir algo no es comparable con nada. Te hace invencible. Casi inmortal. Casi.

miércoles, 13 de enero de 2016

EL OCASO DE TODO


Fotografía: Jesús Rodríguez, al que agradezco su cesión para mi relato.

Era tal el silencio que se respiraba en la habitación, que se podía escuchar el crepitar del cigarro consumiéndose en el cenicero.

La negrura de la noche se confundía con la de su cabeza. Aquella tarde las nubes que acuciaban su entendimiento se habían vuelto, si cabe, más espesas y grises de lo habitual. La mayoría de las veces se le pasaba pronto. Como mucho una muesca en las puertas con la marca de los nudillos y una posterior cura con alcohol y algodón resolvían los altercados. Le seguían lloros de ella que se tornaban en sollozos minutos después, y éstos en leves suspiros entrecortados para terminar en un silencio sepulcral y terrorífico de no saber qué venía después, si otra hostia, si indiferencia, si un portazo y me voy al bingo, o el enésimo y puto perdónamenoloharémásperoesquemeponesmuynerviosocojones.

Otras noches era peor. Otras noches finalizaba con una sodomización brutal que él acallaba tapándole la boca hasta casi asfixiarla. Una fantasía –la de morir asfixiada- que ella le pedía a ese Dios en el que no creía. Cuando no se tiene vida, morir es la puerta hacia algo mejor. O eso pensaba.

Pero esa noche algo había salido mal; Aunque todo había transcurrido como de costumbre. Ese tipo de costumbre que se instala en casa y la conviertes en normal cuando es todo menos normal.

Apoyó la espalda contra la pared, permanecía en cuclillas. Ya hacía rato que el naranja chispeante del cigarro se había apagado y lo único que escuchaba era el corazón en las sienes. 

Oyó voces en la escalera, un fuerte golpe derribó la puerta a la voz de ¡Policía!, pasos de botas, sombras, ya han visto el cuerpo –pensó-,  ahora entrarán aquí.


La puerta se entreabrió lentamente y las líneas luminosas le anunciaron una letanía de rituales judiciales y policiales. Luego llegaría la cárcel. No importaba –pensó con la arrogancia de una incultura esculpida a golpes-. Al menos esa puta ya no me amargará más la vida. Puta. Vida. Puta vida.

lunes, 5 de enero de 2015

GUIÓN PARA UNA NOCHE DE REYES


        Fotografía de Conchita Romance Lezcano, a la que agradezco la cesión de la fotografía para mi relato.


5 de Enero. Interior. Noche. Bar.
El chico de camisa azul apura la bebida de su vaso, pensativo, apoyado en la barra.
Sus fiestas navideñas terminan en plantón.
La chica de labios rojos, apoyada en la misma barra, también parece enfadada.
Se miran.
Sigue una sucesión de horas, que parecen minutos, charlando.

Ella: Tengo hambre.
El:  Te hago una tortilla en mi casa.
Ella: No me dejaré tocar el culo, aviso, no tengo esa clase de hambre.
El: Vale, pero te hago la tortilla.

Interior. Noche. Casa de él.
Ella: Tu pijama me queda horrible, mides 1,80 y con los tacones aún me sienta peor.
El: Cierto. Estás espantosa.
Ella: Mejor, la idea es no ponerte cachondo.
El: Y me encanta.

Salón-cocina. Noche.
Sofá de dos plazas, mantita, pies sobre un puf.
Ella se come la tortilla.
En la televisión emiten  El club de la lucha.

Dormitorio. Noche.
Metidos en la cama.
Una manguera de luces de colores recorre la pared frontal, delante de la cama.
Ella: Eres un hortera.
El: Nunca me habían dicho eso en la cama.
Ella: ¿A las tías que traes aquí les gusta esto?
El: No se lo pregunto.
Ella: Haces bien.

Unos segundos de silencio … Ella pone cara de preocupación repentina.

Ella: Nunca he hecho esto, te he conocido hace 5 horas y nadie sabe que estoy aquí.
El: ¿Y?
Ella: Oh, nada, sólo que acabo de caer en la cuenta de que podrías descuartizarme, meterme en una maleta y tirarme al Ebro.
El: (la mira de reojo con gesto de pánico): ¡Joder tía, qué cosas se te ocurren! créeme que no me apetece nada ponerme a cortar carne ahora, y mucho menos bajar al trastero a por una maleta. Eso sin contar con salir a estas horas, con este frío, a tirar cualquier cosa al río.
Ella: Perdona, cualquier cosa no, ¡a mí!.
El: Disculpa. A ti, en pedazos. ¡Pues menuda pereza ponerme a trabajar tanto!

Ella lo mira, sus dudas sobre un asesinato se han disipado, parece que él la dejará vivir.
A la complicidad sigue el descanso. Ella se destapa, el la tapa. Quien da la espalda es abrazado y viceversa.

Interior. Día. Salón-cocina.
Desayuno con Cola-Cao.  Beso casto.  Largo abrazo.  Despedida.

Noche perfecta ¡y sin sexo!.

Aquel domingo ella durmió siesta guardando su olor.
Noche de Reyes: noche mágica, dicen.

Le siguió un año de amor. 



domingo, 16 de noviembre de 2014

EL PRÍNCIPE VALIENTE.




Me voy. En el frutero te he dejado peras y manzanas, ya sabes.... sírvete.

Y en la nevera huevos. Te sorprenderá la enorme cantidad, que no deja espacio para nada más. Son los que tengo yo, y los que te faltaron a ti.

Hasta nunca.

lunes, 20 de octubre de 2014

BENDITA RUTINA



Mojo el bollito de media luna en el café sin perder de vista a los habituales del bar. Todos desayunamos a la misma hora, presos de
este mar de rutinas.
Esta mañana, a la funcionaria del Ayuntamiento le adivino una lágrima escondida, mala cara trae hoy, y la procuradora altiva luce bolso nuevo, un Loewe con muchos ceros que sólo veo en las revistas, y que no es sino el barniz de sus maltrechas esperanzas. A veces se la ve por los juzgados con gafas oscuras y no se las quita en toda la mañana, corren cotilleos por las esquinas, que si el marido…que si es un chulo….   La chica de la tienda de ropa fuma con aire distraído en la barra, y la envidio un poco porque tiene un estilo que nunca tendré. Se pinta los labios de un rojo que no logro descifrar  (¿Rouge Allure de Chanel? ¿L´Absolu Rouge, de Lancôme?), pero lo que más rabia me da es lo bien que se maquilla los ojos, logra dibujarse la raya del párpado con una precisión que no me gustaría morirme sin preguntarle cómo lo hace. Los obreros del fondo engullen bocadillos de un tamaño descomunal mientras ríen, siempre ríen mucho, se diría que nunca están cansados. Un día pensé que sería algún ingrediente o salsa con atributos mágicos, pero estuve pidiendo lo mismo durante una semana y no conseguí los efectos deseados, así que abandoné el tratamiento.

Y sumida en el rumor lejano del ambiente, atraviesa la puerta, por fin, Él.

Un día más, nos miramos, sonreímos levantando la barbilla en un saludo silencioso, y bajamos la vista. Pago y me voy.

Bendita rutina.

lunes, 21 de julio de 2014

MADRE NO HAY MAS QUE UNA



Nunca había sentido la necesidad de ser madre, pero un día al despertar, sin saber por qué –pues nada había sucedido recientemente que me impulsara a tomar semejante decisión- tomé la determinación de serlo.

Cierto es, no lo voy a negar, que la noche anterior tuve algunos excesos propios de las fiestas de empresa, y con el afán de cambiar la imagen seria y parca que de mí circulaba en los corrillos, cogí una moña monumental.

Convencida de que el alcohol había mutado alguna proteína responsable del razonamiento, admití esta nueva necesidad como algo natural, y me puse a ello.

Como todo proyecto, tenía que ser preparado y planeado concienzudamente para que los resultados fueran los deseables o, como mínimo, altamente aceptables.

En mi Departamento nos ocupamos de gestionar, entre otras cosas, las revisiones médicas de los empleados, por lo que pasan por mis manos todo tipo de informes médicos.
Esta fue, si se puede decir así, la cantera de candidatos. El mejor donante tenía que tener un torrente sanguíneo impecable y equilibrado, además de no fumar.

Tuve una semana loca loca. Me hice un listado que llamé “Agenda Prenatal”, una especie de hoja excel con nombres, datos vitales y niveles de glucosa y colesterol que hubiera horrorizado hasta al mismísimo Hannibal Lecter, tan meticuloso y calculador él a la hora de merendarse a sus víctimas.

Esa era la segunda cuestión. ¿Cómo me iba a camelar yo al futuro padre de mi hijo? Evidentemente, sólo podía acostarme con un compañero cada 28 días. Dos ya –además de agotador trazar un plan para ligar de forma tan desaforada y encima tener éxito- era condenarme de por vida a preguntarme quien sería el padre.

El escollo más complicado era el tema del condón. Ellos quizá querrían protegerse (aunque el 95% no piensan en eso cuando se les vacía de sangre la cabeza), y yo un espermatozoide. No era pedir mucho.

Tras un minucioso logaritmo que dio como resultado la elección de siete candidatos, la Operación Bebé se inició con Andrés, que tenía un hemograma completo muy atractivo y una fórmula leucocitaria de lo más excitante. Las excusas para llevar a cabo el acto como me gustaba llamarlo para mis adentros, fueron más sencillas de lo esperado. Aquí, seré sincera, no tuve que hacer mucho trabajo. Y no se trata de vanidad, no no, qué va. Es que la contraparte te allana el camino que da gusto.

El segundo mes cayó Ramiro, que aunque tiene nombre de rey aragonés en su casa la que manda debe ser su mujer, porque vamos….todo lo tuve que hacer yo, iniciativa mínima, en fin, todo sea por un  hijo. Que una madre por sus hijos hace lo que sea.

El tercer mes –ya pelín desesperada con esa ansiedad propia de la que se siente madre antes de serlo- pillé por banda a Carlos. Día lluvioso y tal, que si me llevas a casa Carlitos (carita con pucheros) que fíjate tu cómo se me van a poner los zapatos de ante recién estrenados y qué faena y qué pena y tal y tal. De Carlos lo que me volvió loca fue su nivel de ferritinina, 285 nanogramos/ml. Entre los nanogramos que convertían su interior en un toro de Osborne,  mis hormonas ese día del ciclo, la lluvia, el coche, y los zapatos…. ¡Ay!  ¡que repetimos al día siguiente aunque no lloviera!. Una licencia poco profesional por mi parte, lo se, pero en mi defensa diré que no hay nada mejor que sentirte bien haciendo tu trabajo. Y eso.

No hubo cuarta probeta masculina. El padre fue Carlos. Pero como ya tenía echada la solicitud para mi traslado a otra filial, me fui para que mi tripa no fuera objeto de cálculos por parte de mis tres amantes.

Se llama Carlota, y tiene ahora 4 meses y medio. Estado de salud óptimo y en el test de Apgar dio un 11, si si, como lo oyen, un 11, que ya no hay cuadrito para apuntar eso en el impreso. ¡Ea!.


Cuando oí a las auxiliares en el paritorio apuntar la nota de mi chica, panza arriba con las bordadoras haciéndome un trabajo impecable ahí abajo, supe que no me había equivocado de donante, ni de día, ni de lluvia, ni de coche.
Ni mucho menos de zapatos. 






viernes, 16 de mayo de 2014

ARRENDAMIENTO DE SERVICIOS



Tenía trabajo y cenó poco. Convenía no llevar el estómago lleno. 
Cuando para completar el sueldo tienes que realizar las fantasías de otros, hay que dejar hueco en el estómago para que la comida pueda moverse con libertad.
Este servicio era compartido. Con Armando había trabajado en dos ocasiones más.


Silvia tenía dos clientes fijos que le proporcionaban muchísimo dinero cada cuatro o cinco meses: El tío engominado de negocios que se hospedaba una vez al mes en el mismo hotel, al que le excitaba cagarse por toda la habitación mientras ella sólo miraba y le decía lo cerdo que era, y el político municipal que criaba cucarachas y soltaba unas cuantas para que Silvia fuera pisándolas desnuda, con unos zapatos que él mismo le había comprado. Las sesiones eran cortas, pero las miserias se cobran caras y Silvia se embolsaba 6.000 euros con cada tarado.


Lo de esta noche era más, digamos, cotidiano. El cliente, que era nuevo, había solicitado primero la presencia de ella, y más tarde una sesión conjunta con Armando.

Le dijeron tercer piso.

Hizo cuatro inspiraciones profundas antes de llamar al timbre. En el impasse de espera, se puso a mirar la puerta, pintura marrón, vieja, con arañazos y muescas profundas, mucho sebo en el pomo y el panel ajado.  Resopló y musitó "como siga mucho tiempo haciendo esto, voy a terminar como esta puerta".

La puerta se abrió y comenzó el baile. El hombre la saludó respetuoso. Siempre lo son al principio.
Lo siguió por un pasillo de baldosas amarillas, exagonales, de esas antiguas con los bordes desgastados. La casa era grande, oscura, habitaciones a ambos lados del pasillo, olía a rancio, en la cocina los cacharros se amontonaban en el fregadero, no quería saber cómo estaba el baño. Caminaba detrás de él, vio que se abría la bata de cuadros que llevaba, dejándola suelta. El hombre iba descalzo, tenía los tobillos gordos, el resto del cuerpo también. Llegaron a la habitación del fondo. Ni un atisbo de orden en esa choza. Todo parecía teñido de ocre, como una fotografía antigua. Mil colillas en un cenicero y la cama revuelta. Empecemos. El dinero primero.

- Llámame papá.

Mecagüensuputamadre. Ya empezamos....

- Vale, lo que digas, pero eso cuesta más, tienes que dejar claras tus preferencias cuando llamas. No me gusta improvisar.

Cuando empezó a excitarse su respiración se hizo ruidosa, con pitidos asmáticos. Tiene los bronquios hechos una mierda -pensó ella-, mejor, a ver si se agota y terminamos pronto.

Sonó el timbre, era Armando. Al pollo le iba la carne y el pescado y con Armando estuvo otro rato mientras ella miraba desde una butaca cuyos muelles se le clavaban en el culo, más o menos -salvando las distancias- lo mismo que estaba presenciando.

En el Tercer Acto el cliente sólo miraba. Era lo más fácil de la sesión.

Cuando abandonaron la vivienda dos horas y media después, dejaron al cliente recostado en su cama, sobre una almohada llena de manchas de café o vete a saber de qué, y seguía llevando la camiseta blanca sucia de tirantes que no se había quitado en todo el rato. Le costaba respirar pero no le dieron importancia.

Al día siguiente, su hija lo encontraba en la misma posición, con una sustancia blanca y reseca cayéndole de la boca.

Atestado, autopsia, incineración.  Y aquí no ha pasado nada.


Silvia siguió con su vida. Entre semana vendía recambios de coches, y los fines de semana su dignidad, tarifada según peticiones y bazofias.


Todo tiene precio.